domingo, 20 de enero de 2013

Venezuela, estado de malestar


 La primera y única vez que viajé a Venezuela desconocía a dónde me llevaban mis padres. Tenía tres años y, como aún me ocurre a mis dieciocho, el simple hecho de subir a un avión era motivo suficiente para convencerme de viajar sin emberrinchar demasiado. Una vez ya en la capital, Caracas, acompañaba a mi padre a diario calle abajo para comprar el pan. Con la inocencia y curiosidad características de tan corta edad, observaba todo lo que sucedía a mi alrededor y, en un momento dado, no pude resistirme a decir “esta gente está muy loquita, papá”, refiriéndome a los borrachos que estaban durmiendo en plena acera. Podéis pensar que esto también ocurre en España tras una larga noche de fiesta, nos tiramos en la calle y “a dormir la mona un poco”, pero no. Venezuela no es España, ¡más quisieran ellos! Y es que esos hombres que yo vi por la calle siendo tan solo un renacuajo, conforman uno de los muchos paisajes característicos del país sudamericano, asolado por la pobreza gracias a un solo hombre, Hugo Chávez, presidente electo, ahora sí, de la República Bolivariana de Venezuela.

“República”. Es una buena forma de enmascarar lo que ha sido desde sus inicios una dictadura, comenzando esta con el golpe de estado de Chávez en 1992 contra el gobierno de Andrés Pérez y la cual sigue vigente hoy en día en manos del vicepresidente, Nicolás Maduro, gobernante en funciones del país debido al grave estado de salud del presidente. Los medios de comunicación no hacen otra cosa que remitirnos la información de la que disponen al otro lado del Atlántico pero, ¿es esto verídico? No. Como muy bien expone Diana Calderón en este artículo, solamente los medios privados informan de lo que sucede realmente, pues los demás han sido absorbidos por el gobierno, el cual los manipula a su gusto y antojo para que el resto del mundo conozca únicamente lo estrictamente necesario.

Venezolana de Televisión, VTV, Telesur, Aporrea.org son algunas de las cadenas informativas ahora propiedad del gobierno tras su nacionalización y son también las que consume el pueblo clasificado como “rojo”, los conocidos allá como “chavistas”, que apoyan las actuaciones y decisiones de Hugo Chávez. Por otro lado, los que se decantan por la oposición, encabezada por Henrique Capriles, consumen otros medios de índole privada, tales como El Nacional, El Universal y Noticiero Digital.com que, como bien indica Calderón, “sobreviven con cierta independencia” ajenos a la ideología que quiere implantar el gobierno, rozando el comunismo.

Referido a esto último, fue implantada hace no mucho una ley por la cual cualquier casa que estuviera deshabitada por cualquier motivo, ya fuese por su condición de segunda residencia o por un viaje temporal de los propietarios, podría ser intervenida por el ejército, pasando esta a ser propiedad de cualquier otra familia que la necesitase. Se puede pensar que es una medida que favorece a la sociedad; darle un techo bajo el que vivir a quien no lo tiene. Sin embargo, por el otro lado, ¿qué derecho tiene un gobierno para expropiar a su pueblo? Personas que han trabajado para tener esa casa, ahora se ven sin ella. Lo lógico sería pensar que se construyeran edificios de protección oficial para las clases más desfavorecidas, pero esto es algo que ni se plantea en el país latino.

A estos problemas, hay que sumarle el incremento en los precios de productos de primera necesidad, tales como leche, pan, harina o medicamentos. Los supermercados venezolanos sufren desde hace años, y en época de crisis aún más, un profundo desabastecimiento fruto de las altas tasas de las importaciones o mismo por culpa de los impuestos establecidos por el régimen chavista, existiendo así un gran número de familias que dan gracias por llevarse un pedazo de pan a la boca. Por la otra banda, la clase alta, denominada popularmente “burguesía”, goza de los lujos que, debido a su condición de país caribeño, ofrece Venezuela. Playas, fiestas, hoteles de lujo, embarcaciones privadas... están disponibles únicamente para una ínfima parte de la población. Riqueza-pobreza. Las dos caras de la moneda.

En cuanto a la sanidad, uno de los pilares básicos de cualquier estado, ha sido privatizada, quedando la gran mayoría de la población a merced de “las vírgenes del Valle, la Pastora, la Coromoto o la Chinita”. Como cita Diana Calderón en su artículo, estas santas son las que se encargan de rezar por la salud del dirigente bolivariano, que está siendo tratado en Cuba contra el cáncer. Irónico. ¿Es posible que incluso la sanidad privada venezolana sea tan mala que Chávez tiene que acudir a clínicas extranjeras?

Dice la autora que “todo es dinero en Venezuela”, y razón no le falta. Hablando de medicamentos, podemos encontrarnos con dos tipos: los “regularizados”, que el estado pone a disposición del pueblo, y el resto, de una notable mejor calidad que los anteriores. Hablando de cifras, unas simples pastillas para la diabetes valen diecisiete veces más si no están regularizadas, pero su principio activo es mucho más efectivo que el de las ofrecidas al pueblo llano. Y es así, muy pocos se pueden permitir tratamientos adecuados a su enfermedad debido al estado de pobreza que padecen.

“Dinero y política. Libertad de expresión y activismo. Patria o muerte. Palabras que no deberían ir juntas en Venezuela se mezclan peligrosamente. […] Hablar del matrimonio gay o del medio ambiente se cobijan en un solo nombre: sexobiodiversidad.”

La realidad actual del país caribeño es que mientras el partido chavista siga en el poder, este seguirá cayendo en picado. Quizás la muerte del dirigente venezolano sería la solución a todos los males. Nunca se le desea la muerte a nadie pero... quién sabe.

Rubén Garrido.

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