domingo, 16 de diciembre de 2012

Newtown, ciudad sin ley


14-12-2012. Fecha negra para el pueblo estadounidense de Newtown, Connecticut. Una mañana como cualquier otra, los alumnos del colegio Sandy Hook acuden a clase ajenos a la pesadilla que sus ojos presenciarían minutos más tarde. A las nueve y media, media hora después del comienzo de las clases, un joven psicópata irrumpe por la fuerza en el centro escolar provisto de varias armas, atuendo militar y un chaleco antibalas. Como si de un videojuego de guerra se tratase, empieza a abatir a todo aquel que encuentra por los pasillos y se introduce en un aula, donde acaba con la vida de todos los escolares que estaban siendo instruidos en ese mismo instante. Sale de esta en búsqueda de nuevas víctimas pero la llegada de los servicios de emergencias lo alerta, deteniendo la masacre de forma instantánea. En este momento, aterrorizado por la presencia policial, decide suicidarse. El resultado final, 27 fallecidos, entre los cuales se encuentran 20 niños, la madre del joven, asesinada en su propia casa, diversos empleados del centro y el propio Adam.

Este suceso vuelve a reabrir el tan sonado debate sobre la ley de armas norteamericana. ¿Por qué un chaval de 20 años, con una mentalidad tan infantil, tiene acceso a armamento de gran calibre tales como un rifle semiautomático Bushmaster 223, hallado en la escena del crimen, con tanta facilidad? La barbarie y la irracionalidad con las que el chico ha actuado propone también una segunda pregunta: ¿Qué clase de educación se imparte en los supuestos Estados "Unidos"? Pionero en lo que a derechos humanos se refiere, es impensable pensar que entre tales derechos recogidos en su Constitución haya uno que rece: "Matarás a tu vecino por encima de todas las cosas". Impactante esta afirmación, pero no se aleja demasiado de la realidad vivida en el país americano, donde las matanzas escolares parecen que están comenzando a ser una tradición. "Columbine, Denver, Virginia y ahora Newtown", titular de El País en su edición digital, refleja cuatro de las mayores masacres que consternaron al pueblo yankee en las últimas décadas, siendo la última la de este viernes. 

Las cifras hablan por sí solas: "En EEUU se han registrado en los últimos 20 años 23 matanzas"; "Al menos 522 personas murieron en el mundo entre 1996 y 2007 en tiroteos en centros escolares [...]. De ellos 269 eran niños y 253 adultos".


Está visto que una sociedad moderna, avanzada y "educada" con unos valores "humanos", no es todo lo buena que se presupone cuando son varios ya los parricidios acontecidos en entornos relacionados con la enseñanza. Remontándonos al verano de 2011, en Oslo, otro adolescente psicológicamente inestable lleva a cabo la tragedia que, como seguramente recordáis, asoló al pueblo noruego, quien jamás había presenciado un suceso siquiera semejante sin tener que haber mirado fuera de sus fronteras.

Contraponiendo a Noruega con Estados Unidos, un país muy avanzado contra otro políticamente incorrecto en lo que a educación se refiere, podemos concluir que el problema no está en lo que nos enseñan los profesores, obligados únicamente a instruirnos en materia académica, sino en aquello que nuestros progenitores nos inculcan desde niños y que marcará nuestra vida una vez alcanzada la madurez. ¿Quién no ha sido inquerido alguna vez por sus padres con un "no sé qué es lo que te enseñan a ti en la escuela" cuando huyes de sus normas poniendo en seria duda tus modales? ¿Por qué piensan que unos desconocidos, a quienes ellos en ocasiones jamás llegan a conocer, podrán educarnos mejor que nuestra propia familia, sangre de nuestra sangre?

Educación, política. Dos términos siempre relacionados y que se entrecruzan constantemente. Un "NO" a las armas sería lo más lógico para intentar evitar o, cuanto menos, reducir asesinatos en serie como el de este pasado viernes en Newtown. Barack Obama, ha manifestado que será revisada la carta magna americana en lo referido a la adquisición de "matahombres" pero esto solo dura unos días, mientras el país se encuentra en pleno estado de shock por los recientes acontecimientos. Las imágenes nos dejan al hombre más poderoso del mundo vertiendo lágrimas sobre los micrófonos a la vez que expresa sus condolencias a los afectados. ¿Espíritu patriótico o lágrimas de cocodrilo? Pensemos mejor en lo primero. Aún así, pasado un tiempo, serán familiares y amigos de las víctimas los únicos que recuerden la tragedia día a día, hora a hora, mientras los políticos  siguen a lo suyo, sin mover un dedo por su pueblo. Démosle un voto de confianza al recién reelegido presidente pero, si algo está claro, es que tiene que actuar pronto y con eficacia. La validez de su Nobel de la Paz ya ha sido cuestionada, el debate vuelve a estar abierto: ¿armas SÍ, armas NO o "mato a mi vecino porque me mira mal"? Americanos, ustedes deciden.

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