14-12-2012.
Fecha negra para el pueblo estadounidense de Newtown, Connecticut.
Una mañana como cualquier otra, los alumnos del colegio Sandy Hook
acuden a clase ajenos a la pesadilla que sus ojos presenciarían
minutos más tarde. A las nueve y media, media hora después del
comienzo de las clases, un joven psicópata irrumpe por la fuerza en
el centro escolar provisto de varias armas, atuendo militar y un
chaleco antibalas. Como si de un videojuego de guerra se tratase,
empieza a abatir a todo aquel que encuentra por los pasillos y se
introduce en un aula, donde acaba con la vida de todos los escolares
que estaban siendo instruidos en ese mismo instante. Sale de esta en
búsqueda de nuevas víctimas pero la llegada de los
servicios de emergencias lo alerta, deteniendo la masacre de forma
instantánea. En este momento, aterrorizado por la presencia
policial, decide suicidarse. El resultado final, 27 fallecidos, entre
los cuales se encuentran 20 niños, la madre del joven, asesinada en
su propia casa, diversos empleados del centro y el propio Adam.
Este
suceso vuelve a reabrir el tan sonado debate sobre la ley de armas
norteamericana. ¿Por qué un chaval de 20 años, con una mentalidad
tan infantil, tiene acceso a armamento de gran calibre tales como un
rifle semiautomático Bushmaster 223, hallado en la escena del
crimen, con tanta facilidad? La barbarie y la irracionalidad con las
que el chico ha actuado propone también una segunda pregunta: ¿Qué
clase de educación se imparte en los supuestos Estados "Unidos"? Pionero en lo que a derechos humanos se refiere, es
impensable pensar que entre tales derechos recogidos en su
Constitución haya uno que rece: "Matarás a tu vecino por
encima de todas las cosas". Impactante esta afirmación, pero no
se aleja demasiado de la realidad vivida en el país americano, donde
las matanzas escolares parecen que están comenzando a ser una
tradición. "Columbine, Denver, Virginia y ahora Newtown",
titular de El País en su edición digital, refleja cuatro de las
mayores masacres que consternaron al pueblo yankee en las últimas
décadas, siendo la última la de este viernes.
Las
cifras hablan por sí solas: "En EEUU se han registrado en los
últimos 20 años 23 matanzas"; "Al menos 522 personas
murieron en el mundo entre 1996 y 2007 en tiroteos en centros
escolares [...]. De ellos 269 eran niños y 253 adultos".
Está
visto que una sociedad moderna, avanzada y "educada" con
unos valores "humanos", no es todo lo buena que se
presupone cuando son varios ya los parricidios acontecidos en
entornos relacionados con la enseñanza. Remontándonos al
verano de 2011, en Oslo, otro adolescente psicológicamente inestable
lleva a cabo la tragedia que, como seguramente recordáis, asoló al
pueblo noruego, quien jamás había presenciado un suceso siquiera
semejante sin tener que haber mirado fuera de sus fronteras.
Contraponiendo
a Noruega con Estados Unidos, un país muy avanzado contra otro
políticamente incorrecto en lo que a educación se refiere, podemos
concluir que el problema no está en lo que nos enseñan los
profesores, obligados únicamente a instruirnos en materia académica,
sino en aquello que nuestros progenitores nos inculcan desde niños y
que marcará nuestra vida una vez alcanzada la madurez. ¿Quién
no ha sido inquerido alguna vez por sus padres con un "no sé
qué es lo que te enseñan a ti en la escuela" cuando huyes de
sus normas poniendo en seria duda tus modales? ¿Por qué piensan que
unos desconocidos, a quienes ellos en ocasiones jamás llegan a
conocer, podrán educarnos mejor que nuestra propia
familia, sangre de nuestra sangre?
Educación,
política. Dos términos siempre relacionados y que se entrecruzan
constantemente. Un "NO" a las armas sería lo más lógico
para intentar evitar o, cuanto menos, reducir asesinatos en serie
como el de este pasado viernes en Newtown. Barack Obama, ha
manifestado que será revisada la carta magna americana en lo
referido a la adquisición de "matahombres" pero esto solo
dura unos días, mientras el país se encuentra en pleno estado de
shock por los recientes acontecimientos. Las imágenes nos dejan al hombre más poderoso del mundo vertiendo lágrimas sobre los micrófonos a la vez que expresa sus condolencias a los afectados. ¿Espíritu patriótico o lágrimas de cocodrilo? Pensemos mejor en lo primero. Aún así, pasado un tiempo, serán familiares y amigos de las víctimas los únicos que recuerden la
tragedia día a día, hora a hora, mientras los políticos siguen a
lo suyo, sin mover un dedo por su pueblo. Démosle un voto de
confianza al recién reelegido presidente pero, si algo está claro,
es que tiene que actuar pronto y con eficacia. La validez de su Nobel
de la Paz ya ha sido cuestionada, el debate vuelve a estar abierto:
¿armas SÍ, armas NO o "mato a mi vecino porque me mira mal"?
Americanos, ustedes deciden.


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