jueves, 6 de noviembre de 2014

Sin salida

Frío, soledad, amargura, agobio. Ladrillos, pintura, luces. Teatros, cines, playas. Viajes sin regreso, trenes sin destino.

Nadie nos ha preparado para esto. Encerrados en cajas de cemento sin ningún objetivo otro que salir de ellas. Pero no podemos, no queremos. La partida ya ha empezado y nosotros, peones, nos dirigimos uno tras otro a un final predestinado.

¿Qué hemos hecho para ser hijos de un mundo como este? Herederos del tiempo, no adquirimos otra cosa que no sea un paso más hacia ese final en el que miraremos de reojo hacia atrás y veremos la insignificancia de la vida.

Hasta ese día nada ha sido tan importante como eso que estás a punto de alcanzar con tus manos. Mirarle a los ojos y decir: "has tardado demasiado". "Soy difícil de encontrar", como respuesta. Huraña. Desconocida, pero familiar, te he visto por la calle en ojos de otro, en risas de la gente mientras te paseas por la Gran Vía madrileña. No te escondas, estoy a punto de cogerte; no queda nada.

Ilusión, entusiasmo. Sigues corriendo sulfurada. Te alejas. ¿Por qué? No lo sé. Ningún momento como ese. Te bajas del coche, coges el autobús. Y te vas. No volverás. Solías tener miedo a las alturas, y llegado tan alto no hubo otra opción que tirarse.

domingo, 20 de enero de 2013

Venezuela, estado de malestar


 La primera y única vez que viajé a Venezuela desconocía a dónde me llevaban mis padres. Tenía tres años y, como aún me ocurre a mis dieciocho, el simple hecho de subir a un avión era motivo suficiente para convencerme de viajar sin emberrinchar demasiado. Una vez ya en la capital, Caracas, acompañaba a mi padre a diario calle abajo para comprar el pan. Con la inocencia y curiosidad características de tan corta edad, observaba todo lo que sucedía a mi alrededor y, en un momento dado, no pude resistirme a decir “esta gente está muy loquita, papá”, refiriéndome a los borrachos que estaban durmiendo en plena acera. Podéis pensar que esto también ocurre en España tras una larga noche de fiesta, nos tiramos en la calle y “a dormir la mona un poco”, pero no. Venezuela no es España, ¡más quisieran ellos! Y es que esos hombres que yo vi por la calle siendo tan solo un renacuajo, conforman uno de los muchos paisajes característicos del país sudamericano, asolado por la pobreza gracias a un solo hombre, Hugo Chávez, presidente electo, ahora sí, de la República Bolivariana de Venezuela.

“República”. Es una buena forma de enmascarar lo que ha sido desde sus inicios una dictadura, comenzando esta con el golpe de estado de Chávez en 1992 contra el gobierno de Andrés Pérez y la cual sigue vigente hoy en día en manos del vicepresidente, Nicolás Maduro, gobernante en funciones del país debido al grave estado de salud del presidente. Los medios de comunicación no hacen otra cosa que remitirnos la información de la que disponen al otro lado del Atlántico pero, ¿es esto verídico? No. Como muy bien expone Diana Calderón en este artículo, solamente los medios privados informan de lo que sucede realmente, pues los demás han sido absorbidos por el gobierno, el cual los manipula a su gusto y antojo para que el resto del mundo conozca únicamente lo estrictamente necesario.

Venezolana de Televisión, VTV, Telesur, Aporrea.org son algunas de las cadenas informativas ahora propiedad del gobierno tras su nacionalización y son también las que consume el pueblo clasificado como “rojo”, los conocidos allá como “chavistas”, que apoyan las actuaciones y decisiones de Hugo Chávez. Por otro lado, los que se decantan por la oposición, encabezada por Henrique Capriles, consumen otros medios de índole privada, tales como El Nacional, El Universal y Noticiero Digital.com que, como bien indica Calderón, “sobreviven con cierta independencia” ajenos a la ideología que quiere implantar el gobierno, rozando el comunismo.

Referido a esto último, fue implantada hace no mucho una ley por la cual cualquier casa que estuviera deshabitada por cualquier motivo, ya fuese por su condición de segunda residencia o por un viaje temporal de los propietarios, podría ser intervenida por el ejército, pasando esta a ser propiedad de cualquier otra familia que la necesitase. Se puede pensar que es una medida que favorece a la sociedad; darle un techo bajo el que vivir a quien no lo tiene. Sin embargo, por el otro lado, ¿qué derecho tiene un gobierno para expropiar a su pueblo? Personas que han trabajado para tener esa casa, ahora se ven sin ella. Lo lógico sería pensar que se construyeran edificios de protección oficial para las clases más desfavorecidas, pero esto es algo que ni se plantea en el país latino.

A estos problemas, hay que sumarle el incremento en los precios de productos de primera necesidad, tales como leche, pan, harina o medicamentos. Los supermercados venezolanos sufren desde hace años, y en época de crisis aún más, un profundo desabastecimiento fruto de las altas tasas de las importaciones o mismo por culpa de los impuestos establecidos por el régimen chavista, existiendo así un gran número de familias que dan gracias por llevarse un pedazo de pan a la boca. Por la otra banda, la clase alta, denominada popularmente “burguesía”, goza de los lujos que, debido a su condición de país caribeño, ofrece Venezuela. Playas, fiestas, hoteles de lujo, embarcaciones privadas... están disponibles únicamente para una ínfima parte de la población. Riqueza-pobreza. Las dos caras de la moneda.

En cuanto a la sanidad, uno de los pilares básicos de cualquier estado, ha sido privatizada, quedando la gran mayoría de la población a merced de “las vírgenes del Valle, la Pastora, la Coromoto o la Chinita”. Como cita Diana Calderón en su artículo, estas santas son las que se encargan de rezar por la salud del dirigente bolivariano, que está siendo tratado en Cuba contra el cáncer. Irónico. ¿Es posible que incluso la sanidad privada venezolana sea tan mala que Chávez tiene que acudir a clínicas extranjeras?

Dice la autora que “todo es dinero en Venezuela”, y razón no le falta. Hablando de medicamentos, podemos encontrarnos con dos tipos: los “regularizados”, que el estado pone a disposición del pueblo, y el resto, de una notable mejor calidad que los anteriores. Hablando de cifras, unas simples pastillas para la diabetes valen diecisiete veces más si no están regularizadas, pero su principio activo es mucho más efectivo que el de las ofrecidas al pueblo llano. Y es así, muy pocos se pueden permitir tratamientos adecuados a su enfermedad debido al estado de pobreza que padecen.

“Dinero y política. Libertad de expresión y activismo. Patria o muerte. Palabras que no deberían ir juntas en Venezuela se mezclan peligrosamente. […] Hablar del matrimonio gay o del medio ambiente se cobijan en un solo nombre: sexobiodiversidad.”

La realidad actual del país caribeño es que mientras el partido chavista siga en el poder, este seguirá cayendo en picado. Quizás la muerte del dirigente venezolano sería la solución a todos los males. Nunca se le desea la muerte a nadie pero... quién sabe.

Rubén Garrido.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Newtown, ciudad sin ley


14-12-2012. Fecha negra para el pueblo estadounidense de Newtown, Connecticut. Una mañana como cualquier otra, los alumnos del colegio Sandy Hook acuden a clase ajenos a la pesadilla que sus ojos presenciarían minutos más tarde. A las nueve y media, media hora después del comienzo de las clases, un joven psicópata irrumpe por la fuerza en el centro escolar provisto de varias armas, atuendo militar y un chaleco antibalas. Como si de un videojuego de guerra se tratase, empieza a abatir a todo aquel que encuentra por los pasillos y se introduce en un aula, donde acaba con la vida de todos los escolares que estaban siendo instruidos en ese mismo instante. Sale de esta en búsqueda de nuevas víctimas pero la llegada de los servicios de emergencias lo alerta, deteniendo la masacre de forma instantánea. En este momento, aterrorizado por la presencia policial, decide suicidarse. El resultado final, 27 fallecidos, entre los cuales se encuentran 20 niños, la madre del joven, asesinada en su propia casa, diversos empleados del centro y el propio Adam.

Este suceso vuelve a reabrir el tan sonado debate sobre la ley de armas norteamericana. ¿Por qué un chaval de 20 años, con una mentalidad tan infantil, tiene acceso a armamento de gran calibre tales como un rifle semiautomático Bushmaster 223, hallado en la escena del crimen, con tanta facilidad? La barbarie y la irracionalidad con las que el chico ha actuado propone también una segunda pregunta: ¿Qué clase de educación se imparte en los supuestos Estados "Unidos"? Pionero en lo que a derechos humanos se refiere, es impensable pensar que entre tales derechos recogidos en su Constitución haya uno que rece: "Matarás a tu vecino por encima de todas las cosas". Impactante esta afirmación, pero no se aleja demasiado de la realidad vivida en el país americano, donde las matanzas escolares parecen que están comenzando a ser una tradición. "Columbine, Denver, Virginia y ahora Newtown", titular de El País en su edición digital, refleja cuatro de las mayores masacres que consternaron al pueblo yankee en las últimas décadas, siendo la última la de este viernes. 

Las cifras hablan por sí solas: "En EEUU se han registrado en los últimos 20 años 23 matanzas"; "Al menos 522 personas murieron en el mundo entre 1996 y 2007 en tiroteos en centros escolares [...]. De ellos 269 eran niños y 253 adultos".


Está visto que una sociedad moderna, avanzada y "educada" con unos valores "humanos", no es todo lo buena que se presupone cuando son varios ya los parricidios acontecidos en entornos relacionados con la enseñanza. Remontándonos al verano de 2011, en Oslo, otro adolescente psicológicamente inestable lleva a cabo la tragedia que, como seguramente recordáis, asoló al pueblo noruego, quien jamás había presenciado un suceso siquiera semejante sin tener que haber mirado fuera de sus fronteras.

Contraponiendo a Noruega con Estados Unidos, un país muy avanzado contra otro políticamente incorrecto en lo que a educación se refiere, podemos concluir que el problema no está en lo que nos enseñan los profesores, obligados únicamente a instruirnos en materia académica, sino en aquello que nuestros progenitores nos inculcan desde niños y que marcará nuestra vida una vez alcanzada la madurez. ¿Quién no ha sido inquerido alguna vez por sus padres con un "no sé qué es lo que te enseñan a ti en la escuela" cuando huyes de sus normas poniendo en seria duda tus modales? ¿Por qué piensan que unos desconocidos, a quienes ellos en ocasiones jamás llegan a conocer, podrán educarnos mejor que nuestra propia familia, sangre de nuestra sangre?

Educación, política. Dos términos siempre relacionados y que se entrecruzan constantemente. Un "NO" a las armas sería lo más lógico para intentar evitar o, cuanto menos, reducir asesinatos en serie como el de este pasado viernes en Newtown. Barack Obama, ha manifestado que será revisada la carta magna americana en lo referido a la adquisición de "matahombres" pero esto solo dura unos días, mientras el país se encuentra en pleno estado de shock por los recientes acontecimientos. Las imágenes nos dejan al hombre más poderoso del mundo vertiendo lágrimas sobre los micrófonos a la vez que expresa sus condolencias a los afectados. ¿Espíritu patriótico o lágrimas de cocodrilo? Pensemos mejor en lo primero. Aún así, pasado un tiempo, serán familiares y amigos de las víctimas los únicos que recuerden la tragedia día a día, hora a hora, mientras los políticos  siguen a lo suyo, sin mover un dedo por su pueblo. Démosle un voto de confianza al recién reelegido presidente pero, si algo está claro, es que tiene que actuar pronto y con eficacia. La validez de su Nobel de la Paz ya ha sido cuestionada, el debate vuelve a estar abierto: ¿armas SÍ, armas NO o "mato a mi vecino porque me mira mal"? Americanos, ustedes deciden.